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En algún momento tenía que decírtelo

Lo real en la literatura

[RECETAS EXPRESS PARA MEJORAR NUESTROS RELATOS, XCIX]

Cuando basamos un relato en alguna evocación de nuestra infancia, tenemos que superar los siguientes obstáculos:

  • Parece que nos cuesta introducir elementos que intensifiquen el conflicto y el cambio porque, en contraste con lo que ocurrió (o con nuestra interpretación posterior), nos parecen exagerados o fuera de lugar. Por tanto, tendemos a perdernos en detalles que pueden ser verídicos, pero no son relevantes para la narración.
  • También se puede apreciar la dificultad para acercar la voz de nuestro narrador al protagonista-niño; nos aferramos muchas veces al adulto que evoca lo que ocurrió, que no suele importar mucho para la trama, y al lector le da la impresión de que el niño fuese demasiado maduro y analítico desde el principio, lo que difumina el conflicto y el cambio.
  • Por último hay que estar convencido de que lo que uno cuenta es importante. Al menos lo fue para el niño que lo vivió. O al menos lo ha de ser para el personaje de nuestro relato (se parezca más o menos al niño que realmente lo vivió). En este punto uno se juega la trascendencia del texto; la indiferencia o el escepticismo no son una buena postura narrativa para este tipo de relatos.

Aunque al alejarnos de estas tendencias tengamos la fuerte impresión de desviarnos de la realidad, ocurre todo lo contrario, porque lo real, en la literatura, tiene que ver con la unidad de sentido, la intensidad y el contraste.

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