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En algún momento tenía que decírtelo

El estilo directo

[RECETAS EXPRESS PARA MEJORAR NUESTROS RELATOS, XC]

A veces se me plantean dudas al comentar un relato en que el habla de los personajes se intrega en el fluir de la narración, y no se marca con guiones de diálogo. Es cierto que muchas veces el ritmo del discurso se ve beneficiado. Pero, por otra parte, se dificulta el entendimiento del lector. Puede que compense, pero también puede ser que se use este formato en cierta medida para eludir el diálogo. Al principio nuestra intuición está mezclada con evasión, y lo que nos surge espontáneamente es justo lo que tenemos que revisar con más atención.

Por otro lado, está bien ser consciente de las ventajas y desventajas que tiene poner el diálogo de esta forma o de otros modos no convencionales. Antes de romper con las normas de estilo literarias, hay que saber las razones por las que se han instituido en convenciones, y calibrar los efectos que la ruptura provocará en el lector. Todos sabemos que hay autores (buenísimos autores) que no se adhieren a las convenciones con respecto al estilo directo; en todos ellos, sin embargo, hay una conciencia implícita de ello y, a la vez que dificultan la tarea al lector, realzan otros valores: consiguen, de alguna forma, que compense.

Por ejemplo, la forma en que Vargas Llosa expone la trama en Conversaciones en la catedral implica que el lector ha de esforzarse en reconocer las voces, en ir desentrañando todo ese elenco de personajes que hablan y hablan y hablan, como si fuese una suerte de rompecabezas. O Saramago, que crea sus propias normas a este respecto; en el fluir del habla de sus personajes no hay guiones y tampoco hay puntos, pero cuando cambia el interlocutor se pone la primera palabra en mayúscula (así, el lector sabe que está hablando otro personaje). Cortázar también es especialista en retruécanos dialógicos, pero se apoya en las diferencias entre las diversas voces, y el batiburrillo mismo es consustancial a sus tramas.

Personalmente, considero que didácticamente es conveniente aprender a usar las herramientas narrativas de un modo convencional o normativo; una vez logrado esto, uno adquiere suficiente conciencia con respecto a ese lector externo que todos hemos de llevar dentro como para jugar con las rupturas y con las compensaciones, y con vías sustitutorias para no marear al lector sin sentido.

Aunque el diálogo rítmicamente encaje en el hilo discursivo, si el lector se lía con las voces, si no hay marcas fijas que señalen cuando termina de hablar un personaje y empieza a hablar el otro, si las voces no están lo suficientemente diferenciadas, si se elude el habla de los personajes en buena parte de la narración, así como las acotaciones significativas... puede que nos tengamos que plantear que aún no ha llegado el momento de jugar a romper las convenciones con respecto al estilo directo.

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